Encarcelamiento

Share

Condenado. Prisionero. Criminal. Estas etiquetas pueden ser dolorosas y dañinas para quienes las cargan.

Si alguna vez has juzgado a alguien que fue encarcelado o que tuvo problemas con la ley, toma un momento para considerar esto: Jesús fue arrestado, condenado, y sentenciado a muerte por crucifixión, un castigo para los delitos más graves. Pero aún hoy, su mensaje de amor y esperanza prevalece.

Su historia nos puede enseñar mucho sobre cómo nos tratarnos unos a otros en relación con la ley.

En los últimos días de la vida de Jesús, había mucha gente que lo quería muerto. Él predicaba un mensaje radical de amor y tolerancia que amenazaba el balance frágil del poder. Así que los lideres religiosos locales lo vincularon con una rebelión política violenta y lo acusaron falsamente de sedición.

Algunos dudaron de los cargos. Hasta el juez que estaba a cargo del destino de Jesús lo quería perdonar. Pero la multitud no lo dejo. Gritaban, “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!” y el juez no tuvo otra opción más que condenarlo a la muerte.

Jesús nunca recibió un juicio justo. La sociedad lo consideró como un criminal, y jamás lo vieron mas allá de esa etiqueta.

Si te encuentras condenando a alguien que ha sido detenido, considera todas las posibilidades. Puede ser que hayan sido acusado falsamente. O pude ser que sus circunstancias son tan graves que no existe otra opción más que violar la ley. O tal vez, su pelea es contra la injusticia. Concede el beneficio de la duda a todos y considera las maneras en que puedes apoyar a los encarcelados.

Y si tú mismo tienes dificultades con la ley, recuerda que Jesús también los tuvo. Él caminó con el mismo miedo y angustia que ahora sientes, y su historia es un rayo de luz para mucha gente. ¿Cómo puedes convertir tu lucha en una historia de esperanza?

Chatea Ahora