Aislamiento

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Marginado. Paria. Extranjero. Estas etiquetas duelen. Pero Jesús nos entiende. Él también fue un extraño.

Si te has sentido excluido o de alguna manera separado de la gente que te rodea, no estás solo. Puede ser difícil de creer ahora, pero cuando Jesús vivió, fue un marginado.

Al viajar, Jesús vivió sin un hogar. De una manera, fue forzado a andar de sofá a sofá, pidiéndole posada a aquellos tan amables de aceptarlo en sus hogares. Cuando un hombre local se ofreció a acompañar a Jesús en sus viajes, él le respondió, “Los zorros tienen guaridas y las aves silvestres tienen nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde recostarse y descansar.”

Hasta Jesús anhelaba tener un hogar.

Los hogares pueden ser físicos o metafóricos. Si has sido expulsado de tu hogar o de un grupo de gente que te hacia sentir en casa, no te desanimes. Jesús usó su aislamiento para algo bueno. Su experiencia le dio una empatía sincera hacia los demás. El trató a los marginados como miembros de su familia, ya que él mismo era uno.

Si te sientes aislado, busca a aquellos que se sientan igual. Tú puedes ser el hogar de alguien.

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