Ira

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Aunque no lo creas, Jesús entendía la ira. También sabía cómo encauzar la rabia para crear cambios positivos. Si sientes que tu propio fusible se queda en corto, respira profundo, y piensa en cómo Jesús se hubiera encargado de la situación.

Jesús nos dio tantos ejemplos de cómo tratar las frustraciones insignificantes, como cuando alguien se mete en tu carril al conducir, o cuando un amigo te menosprecia. El nunca buscó la venganza, pero siempre se acercó a sus enemigos con amor y compasión.

Sin embargo, Jesús también nos demostró cómo la ira a veces puede ser una señal que algo es injusto. Si algo en tu comunidad te causa mucho enojo, toma su ejemplo.

Cuando Jesús descubrió a los comerciantes vendiendo en el templo él sabía que algo no estaba bien. Habían convertido un lugar de adoración en un lugar para su propio beneficio, y por esto la gente batallaba para asistir y rezar. Jesús no se quedó con los brazos cruzados simplemente observando. Les volteó las mesas, les habló duro, y los corrió del templo. En esta ocasión, su justa ira dio lugar a un cambio positivo.

Jesús sabía que la diferencia entre el enojo sin sentido y aquel con propósito. Si te sientes frustrado, porque has sido personalmente atacado o incomodado, toma un momento para calmarte. Pero si tu enojo es por algo que hiere a los demás, no dejes que se instale. Considera acciones pacificas y productivas que puedan solucionar la situación.

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