Trabajadoras Sexuales

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En la antigua sociedad judía, el castigo para el trabajo sexual era la muerte. Si las mujeres eran encontradas realizando actos sexuales por dinero, los hombres tenían permiso de arrastrarlas por la calle, y coger piedras para apedrearlas hasta la muerte.

Jesús tenía algo más en mente.

Un día, un grupo de hombres pensó que le podían tender una trampa a Jesús. Este grupo, que incluía a expertos en leyes, llegaron a Jesús con una sexoservidora, y le contaron lo que había hecho. Ellos sabían que él predicaba un mensaje de inclusión y amor, pero creían que lo habían atrapado. La ley estaba clara. Ella debía morir.

Al levantar las piedras, Jesús escribió algo en el suelo. “Aquel de ustedes que nunca hizo algo contra nuestras leyes, que tire la primera piedra.” El sabía que nadie la podía castigar honestamente si consideraba todo el mal que había hecho.

Finalmente, soltaron sus piedras y se alejaron dejando atrás a Jesús con la mujer aterrorizada y luego, él le dijo que no la condenaba y le ordenó seguir viviendo su vida de la mejor manera posible.

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