Acoso

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Pena. Humillación. Una tristeza honda. Si alguna vez has sido acosado, ridiculizado, u hostigado, conoces muy bien estos sentimientos. Lo que tal vez no sabes es que Jesús también los conoció demasiado bien.

Mientras Jesús viajaba por el campo predicando su mensaje radical de amor y tolerancia, muchas veces se encontró con la intimidación, el enojo, burlas y hasta cosas peores.

Jesús fue acosado.

El sabía muy bien que se encontraría con esto. De hecho, hasta le conto a sus amigos y discípulos que contaran con ser ridiculizados y odiados sólo por seguirlo. A muchos no les gustaba el mensaje de Jesús. A otros no les gustaba su compañía. Aun así, a pesar de los insultos, Jesús jamás dejó de predicar su mensaje de verdad y esperanza.

Las cosas empeoraron cuando Jesús fue sentenciado a muerte. Las autoridades lo golpearon y se burlaron de él. Se rieron de él, y lo enredaron en una túnica real y le pusieron una corona tejida de espinas sobre su cabeza. Le escupieron y lo torturaron. Aun así, Jesús nunca se dejó llevar por sus acciones, y permaneció auténtico.

Aún cuando Jesús estaba crucificado no dejaron de acosarlo. Los espectadores se burlaban de él, le decían que, si realmente fuera quien decía ser, se salvaría. Pero Jesús sabía muy bien quién era y qué tenía que hacer. Él creía en sí mismo y en la tarea por delante. Les contestó con amor, rogando por el perdón de sus atormentadores.

Si has sido acosado por tu apariencia, discapacidad, tu raza u orientación sexual, o por otra razón, recuerda que no estás solo. Jesús fue acosado por ser quien era también. Pero él no se dio por vencido.

El sabía que su verdad lo superaría todo.

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