Ansiedad

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El COVID. El trabajo. Las diferencias sociales y políticas. El ciclo de noticias las 24 horas del día. Es difícil escapar de todos los factores estresantes del mundo moderno.

Si sufres de ataques de ansiedad y preocupación, sé fuerte. A Jesús también le pasaba.
Jesús conocía el nivel de tensión que es parte de ser odiado. De hecho, había creado enemigos poderosos.

Una noche, él se preocupó porque sabía que sus enemigos vendrían por él pronto. Sabía que sería detenido, torturado, y ejecutado. Y eso lo estresó demasiado.

Jesús enfrento su ansiedad de la misma manera que muchos de nosotros. Se retiró a su lugar tranquilo favorito, un jardín de arboles antiguos de oliva en la ladera de una montaña.

El contó con sus amigos para apoyarlo mientras luchaba con sus emociones. Pero cuando quiso rezar, se alejó un poco, tal vez para que no lo escucharan. Le pidió a Dios que se encargara de sus problemas, de pasarle sus responsabilidades a alguien más. Aunque él sabía que Dios no le iba responder esa oración.

Jesús dijo que su alma le dolía hasta el punto de morir, así es cómo describió su ansiedad. Hay quienes cuentan que estaba tan preocupado, que sudó mucho. Hay hasta relatos que sugieren que su sudor eran actualmente gotas de sangre que caían sobre el suelo.

Al igual que nosotros, Jesús hizo lo que pudo para superarlo. Y como podría pasarle a cualquiera de nosotros, su mecanismo para afrontar la situación no funcionó tan bien.

Sus amigos se quedaron dormidos. A pesar de sus oraciones, aun tenía el mismo trabajo imposible que hacer. Y los hombres que lo buscaban lo encontraron esa misma noche en el jardín.

A pesar de su fracaso total de calmar su ansiedad, Jesús encontró la fuerza para enfrentarse a sus acusadores. El estuvo dispuesto a entregarse sin violencia, sabiendo que su muerte sólo ayudaría a difundir aún más su mensaje de amor radical.

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